Niño, deja ya de joder (con la pelota)

Niños vs tiempo libre… Todos sabemos que en bastantes ocasiones, es algo más que incompatible. Pero oye, que todo llega y todo pasa, y cada uno decide si se apunta al rollo familiar o no. Yo me apunté, y aunque al principio pensé “donde coño me he metido”, pues ahora estoy la mar de contenta (lo que no significa que a veces no eche de menos mi tiempo libre).

Luego están los que todavía no se han subido al tren de la paternidad o los que sencillamente no tienen intención de hacerlo. ¿Qué pasa con ellos? Hemos oído mil veces eso de que “los niños son niños”, sí, completamente cierto, pero menos “Conrad, el niño que salió de una lata de conservas” (cuento infantil muy divertido), los niños no aparecen de la nada (firme aquí padre/madre/tutor legal).

Independientemente que queramos o no hijos, que nos gusten o no los niños, hay momentos en que NOS GUSTA ESTAR SIN ELLOS. No me diréis que no es más molona una velada romántica sin niños dando por saco alrededor. Y es que resulta que no es la primera vez que sales a comer/cenar con tu pareja/amigos y el niño de tres mesas más allá se dedica a ir saludando al resto de comensales.

“¡Hola!” te dice asomándose a la mesa y moviendo el mantel de forma en que, tu vestido corre el riesgo de acabar con un manchurrón  de vino (por cierto carísimo). Le sonríes y le saludas la primera vez. Cuando viene la segunda la sonrisa empieza a menguar. La tercera vez, miras al niño y buscas a sus padres con la mirada.

Entonce aparecen los padres/madres/tutor legal a la velocidad del rayo y le espetan: “Manolito no molestes más a esta señora” (¡uy lo que me ha dicho! ¡SEÑORA!). Te miran y se disculpan, pero percibes ese atisbo en su mirada que dice “solo son niños”. Sí señores padre/madre/tutor legal, solo son niños, pero ustedes NO. Probablemente si le estuvieran prestando un mínimo de caso a la criatura, no tendría la necesidad de buscar en el resto de mesas (repletas de desconocidos) la atención que requiere.

Hay que conocer a los niños (y conocerse a uno mismo como padre). Mi hijo, al que quiero con locura, no está preparado para pasarse hora y media tranquilo y entretenido en un restaurante. Al igual que yo, no tengo ganas que me fastidien hagan más complicado un día en que decido gastarme la pasta para disfrutar de una buena comida/compañía. Porque generalmente, la gente que sale a comer fuera, va para eso, para disfrutar de un buen menú y/o su/s acompañante/s.

Últimamente se oyen comentarios de familias indignadísmas cuando se enteran que hay restaurantes en que no se admiten niños. A ver, que digo yo, que tendremos derecho a decidir dónde pasamos nuestro (poco) tiempo libre. Al igual que hay hoteles en que no se permite la entrada a los niños, ¿porqué no un restaurante?.

Y sí, de nuevo los niños son niños. Merecen amor, cariño, paciencia, atención, apoyo… Pero flaco favor les hacemos cuando los malcriamos, les consentimos todo y les hacemos creer que solo están ellos en el mundo y que toooodo el mundo debe reírles las gracias. Estos críos, a medida que vayan creciendo, se darán cuenta que el mundo no gira alrededor suyo. Que al igual que ellos merecen respeto y su propio espacio para disfrutar, también lo merecen los demás. Que como dicen los Rolling Stones “You can’t always get what you want”. Y al final,  se van a pegar una hostia que van a flipar.

 

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2 comentarios en “Niño, deja ya de joder (con la pelota)

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