La otra cara de la moneda

Todos tenemos nuestros días de bajón. A veces se alargan más de lo que nos gustaría y nos cuesta un poco sacudirnos esa tristeza de encima. Cuando no tenemos muy claro el motivo de éste sentimiento, miramos a nuestro alrededor y vemos que hay gente que lo está pasando realmente peor que nosotros y entonces, empezamos a fustigarnos. Nos invade la rabia y el desespero y creemos que no tenemos “derecho” a quejarnos o a estar tristes.  Nos castigamos pensando que somos débiles. Error.

En primer lugar tenemos absolutamente todo el derecho a sentirnos tristes, enfadados o como nos dé la gana, puesto que nosotros vivimos nuestra propia vida y no la del vecino del 4º o la de la señora de la librería. Por tanto, no deberíamos sentirnos mal por el hecho de sentirnos mal. Somos humanos.

Por supuesto hay alguien que siempre lo pasará peor que tu, y el hecho de ser consciente de ello puede ayudar mucho siempre y cuando se emplee de a forma adecuada. En vez de flagelarnos cada vez que nos sintamos así, deberíamos tomarlo como algo constructivo, ya que al fin y al cabo la vida no deja de ser un aprendizaje continuo. Si algo nos hace daño FUERA, no tenemos tiempo que perder rodeándonos de cosas que nos lastimen.

Pero como siempre no todo es tan fácil. Si ese “algo” que nos amarga son cosas con las que tenemos que convivir -porque así es la vida- démosle la vuelta a la moneda.

Llega un punto en que el estrés y la ansiedad nos pasan factura. Acabamos metidos en esas mini -o no tan mini- depresiones que no sabemos de donde vienen. Lo más seguro es que sea eso, un cúmulo de cosas que no hemos sabido gestionar.

De éste modo cuando creamos que en el trabajo nos va a dar un soponcio es más productivo pensar que, por suerte tienes trabajo, y no solo eso, si no la de cosas que estás aprendiendo para tu futuro laboral.

Cuando no puedes más con tu buenhij@ piensa de ésta forma “Si no puedo más es porque lo estoy haciendo bien, porque me esfuerzo en educarlo, cuidarlo, quererlo”. Y no debemos sentirnos mal por querer que el niño desaparezca durante un rato, somos personas y necesitamos espacio.

Todo, absolutamente todo el esfuerzo que invertimos en un proyecto, llamémoslo hijo, trabajo, salud, VIDA; esa energía y empeño tendrá su recompensa. Sí, las cosas pueden salir mal y seguro que también nos equivocaremos, pero solo fracasamos cuando dejamos de hacer algo por miedo. 

Así que el día que tengamos ese “bajón” pensemos en que de una forma u otra aquello que nos lo provoca nos aporta algo positivo. Quizás no será hoy, ni mañana, pero tranquilos que llega. Además, pensad que la tristeza es una emoción y sentirse triste es mucho mejor que no sentir nada.

En fin, dicen que no hay mal que cien años dure, pero como yo no creo que vaya a durar tanto, me decanto por atajar e intentar sacar lo mejor de la vida. Y ya sabéis, lo que no te mata te hace más fuerte.

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