La humanidad flaquea

frase-basta_con_que_un_hombre_odie_a_otro_para_que_el_odio_vaya_co-jean_paul_sartre

Hoy tenía que ser un día como cualquier otro; te levantas, te duchas, desayunas, te vas al trabajo y continúas con tu rutina diaria. Peor hoy me ha dado por encender la televisión y ver las noticias en mientras desayunaba. Yo nunca he sido aficionada a los noticieros y no he podido elegir peor día para verlos.

Nada más iluminarse la pantalla me plantan la terrorífica imagen que ha dado la vuelta al mundo, bueno al mundo no lo sé, pero a España sí. Se trata de la imagen del crio muerto en la orilla de la playa (o la otra versión, en que un policía lo lleva en brazos), a estas horas probablemente todos la habréis visto. Esa visión ha impactado de tal manera en mí que ha hecho que se me saltaran las lágrimas. Notaba como se rompía cada pedacito de mi corazón, como si un huracán hubiera sacudido todo mi cuerpo y mi alma estuviera del revés. De repente mi cerebro ha empezado a trabajar a mil por hora, a la imagen de ese niño se le han sumado otras imágenes, imágenes violentas que mi mente ha mantenido encerradas durante mucho tiempo evitando que me hirieran, pero ahí estaban, y habían decidido salir a saludarme.

En décimas de segundo se me han planteado muchas dudas acerca de qué coño nos pasa, una de ellas es ¿en qué nos hemos convertido? y entonces, repasando lo poco que sé de historia, me he dado cuenta que no nos hemos convertido en nada, siempre hemos sido así. Nunca hay suficientes muertes en el mundo ni suficientes desgracias como para que cambiemos. Nunca. ¿Desde cuándo las personas son números? ¿Ha sido siempre así y yo no me he dado cuenta? Sé es un tema complejo, pero no hablamos de números, sino de gente que huye de una pesadilla real, gente que no pide lujos, solo quieren VIVIR. Este pensamiento me ha perseguido a lo largo de la mañana hasta que me he dicho “BASTA. No vas quedarte llorando por las desgracias de los demás. Vas a hacer dos cosas, la primera dar las gracias al universo por lo que tienes y por la gente a la que tienes a tu alrededor. La segunda, cambiar el mundo, aunque sea el de una sola persona.” Sí, suena algo megalómano y pueril, pero no lo es. Todos podemos cambiar un poquito el mundo, podemos inculcar valores a nuestros hijos para empezar, podemos ser mejores personas para con los demás (y con nosotros mismo), y poco a poco a medida que la bondad, la humildad, le empatía, la solidaridad y el altruismo ganen terreno, entonces, solo entonces quizás estemos preparados para empezar a cambiar.

Llamadme ingenua, pero sigo yo creyendo que lo que ahora es solo esperanza, en un futuro será una realidad.

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