Sepia, el cefalópodo letal

Tras su gelatinosa carne blanca y su apariencia inocente se esconde un depredador despiadado y sagaz. El peligro empieza en casa, una vez hecha a la plancha y sazonada con un poco de sal, pimienta, algo de ajo y perejil. Su olor es una trampa mortífera que atrae seductoramente a cualquier ser humano cual canto de sirena a los marineros.

Una vez servida a los comensales, empieza la macabra venganza de este singular y maquiavélico cefalópodo. Los primeros bocados cautivarán a la victima con su aroma y sabor. Ésta se confía y continúa devorando, poco a poco sin ser consciente del terrible destino al que le conducirá su necesidad primaria de alimentarse.

Al llegar a los tentáculos, uno de los pedazos más deliciosos que ofrece esta feroz bestia, se agarrarán a la faringe de su presa, obstruyendo así su capacidad de deglución y provocando una muerte por asfixia. El desenlace, aunque ridículo es traumático para la victima y aquellos que le rodean.

Este artículo ha sido documentado con individuos reales, entre ellos  yo. Por fortuna pude sobrevivir para alertar a la sociedad del peligro que les espera de forma conspiradora en el supermercado.

Seleccionado en el I Concurso de Relatos Breves de Humor de Letras con Arte. (publicado en libro de antología)

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