El verano del cambio

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Estupendo día de sol en Barcelona. De vacaciones por fin!! Recuerdo cuando mi hijo acababa de nacer ahora hace un año. Me moría de ganas de volver a trabajar, lo necesitaba. Necesitaba mis horas de ser yo misma, de poder desconectar y volver a casa para entonces disfrutar plenamente de mi hijo. Suena contradictorio ¿verdad? Es decir, por un lado quieres estar con tu hijo pero por el otro no. Pues sí, contradictorio pero cierto y francamente, no creo que esto me hiciera mala madre, sencillamente una madre primeriza que necesitaba su momento de hola-quiero-un-ratito-para-mi.

Pues bien, un año ha pasado desde entonces, el niño desde hace meses duerme del tirón, come estupendamente, esta muy guapo y todas esas cosas que decimos las madres sobre nuestros retoños, es decir, infinidad de virtudes del niño y cursiladas varias. Este año las vacaciones están siendo muy distintas al verano pasado cuando acaba de parir (obvio). No esperaba para nada tener esta sensación. Es obvio, no duermo hasta las tantas como solía hacer 2 años atrás, ya que el enano es como un despertador a base de gritos que a las 6.30h (7h como máximo) te hace saltar de la cama de un brinco.

Debo reconocer que tenía muchas ganas de hacer vacaciones pero en parte me daba pánico el pasarme el día sola con el niño como el año pasado. Solo recordaba el agobio (del cual la depresión post-parto  tuvo mucho que ver) de estar sola en casa. Esta vez no podía estar más equivocada. Están siendo unas vacaciones geniales.

Lo que quiero decir es que, estas vacaciones me están sirviendo para aprender algo que ya hace mucho que tendria que haber aprendido, asimilar una situación y DISFRUTARLA. Mi hijo, como el de toooodo el mundo está creciendo muy rápido. Esta frase suena a cliché, pero es completamente cierta. Soy una persona que ya de por si me estreso yo solita, me gusta tenerlo todo controlado, organizado, sin cabos sueltos. Pues con un niño no es posible. Y cuesta, claro que cuesta al principio modificar tu carácter, cambiar tu forma de ser después de 30 años, pero joder, que feliz estoy ahora.

Espero que esto me sirva de lección y que cuando llegue septiembre sea capaz de seguir con esta mentalidad. Estar con el niño todo el día sola no está siendo ningún sacrificio sino un placer.  Cuando vuelva a trabajar y tenga que ir corriendo de un lado a otro, y hacer en la mitad del tiempo que estoy empleando ahora en  hacer comidas, cenas, papillas, baños, coladas, compras, y cumplir con toda la responsabilidad que comporta tener hijos y una casa, intentaré recordar este verano. Intentaré recordar que que no haya hecho la colada o no se han podido fregar los platos de la cena, no se va acabar el mundo, es más se habrá ensanchado un poquito mas el mundo para mi familia.

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