lo que nadie te dice sobre la maternidad

mater

Mi hijo tiene dos meses y medio. Mi HIJO, todavía se me hace extraño pronunciar esta palabra. Una vez te quedas embarazada esperas que surja un vínculo mágico de la nada y, no dudo que muchas mujeres lo sientan, pero ese no fue mi caso. No diría que tuve un mal embarazo, aunque sí muy pesado. Me pasé ocho de los nueve meses con insomnio, y dios mío… ¡Que pesadilla! A los cuatro meses ya tenía una ciática de caballo que apenas me dejaba moverme. Y como a todas, las hormonas me dieron por saco a mí y de rebote, a mi marido. No suena demasiado importante no? Bueno, pues pasarte meses sin apeas dormir no es nada agradable. En fin, llego la hora del parto y gracias a Dios de eso no tengo ninguna queja.

Durante esos nueve meses te has ido haciendo a la idea de las pocas horas que dormirás, el estrés que sufrirás, el poco tiempo del que dispondrás etc. Aún así piensas que en cuanto veas la carita de tu retoño, de la personita que has llevado dentro de ti durante tanto tiempo, todo será amor a primera vista. Por supuesto quiero a mi hijo, sin embargo los sentimiento de los que gozo hoy no han sido tan inmediatos como yo pensaba.

La sociedad en general nos inculca la idea de la maternidad como algo maravilloso desde el primer momento. Pues bien, en primer lugar nadie te dice que esa personita llamada “tu hijo” es un ser completamente desconocido para ti, igual que tu para él. Me costó prácticamente un mes o mes y medio en considerarme su madre. Al principio, solo me sentía responsable de un ser muy chiquitín y muy indefenso. Me sentía una mala madre por no tener ese “vínculo” del que todas las mujeres hablan.

Pero no todo son los sentimientos hacia el bebé. Había oído hablar de la depresión post parto, y tenía entendido que esto serían unos días. Bueno, pues se ha alargado más de lo que yo esperaba, y vaya coñazo… Tampoco nadie me había dicho que las pérdidas durarían tantísimo tiempo, ni que no podría bañarme hasta pasar la cuarentena (di a luz a principios de agosto). Tampoco nadie me había comentado que dar el pecho sería tan complicado, ni que el sexo sería molesto. ¿Pero qué es esto? Después de nueve meses y un parto esperaba que la naturaleza facilitara un poco las cosas. Tampoco imaginaba que el cuerpo tardaría tanto en volver a ser el mismo (y lo que me queda -si es que vuelve a ser el mismo-). La piel sufre alteraciones, ahora granos, ahora está más seca que el desierto del Sahara, que si estrías, flacidez…  Bueno, muchas mujeres seguramente sabían todo lo que les esperaban y deben estar pensando que de vaya cosas me quejo, sin embargo yo siento que me han engañado.

Además de todos los factores mencionados con los que yo no contaba, no tuve en cuenta los factores externos.  Y es que, realmente, hemos pisado mierda en la familia. Motivos personales aparte. Hay muchas cosas que no echo de menos, como salir con mis amigas, porque estoy demasiado cansada. Tampoco echo de menos ir de compras, al cine, a la peluquería… Todo eso es secundario.  Aunque sin embargo lo que realmente echo de menos, es a mi marido.

Mi marido es una apoyo constante e incondicional. Es de esas personas que nunca dudan acerca de lo que les dices o haces, que te abrazan y te dejan llorar en su hombro aunque eso signifique acabar pringado de mocos y lagrimas y que sobretodo, cada día te demuestran lo mucho que te quieren. Después de siete años juntos, mi marido consigue que cada día me enamore un poquito mas de él. Obviamente tenemos nuestros días malos, nuestras crisis y grandes broncas, pero nada ha podido con nosotros. Él, su cariño y su calor es lo que realmente añoro, así que me consuelo pensando que él está ahí, que solo necesitamos un poco de tiempo y que este esfuerzo y angustia valdrá la pena.

Que queréis que os diga, la verdad es que las cosas no están saliendo tal como imaginábamos. Al menos en mi caso la idea romántica del embarazo está sobrevalorada y la creencia de ese vinculo maternal incondicional no ha acabado de ser lo que yo esperaba pero… Cuando miras a ese pequeñajo y te sonríe, todo, absolutamente todo, carece de importancia. Por eso, si alguna chica embarazada o recién estrenada como madre se siente tal como me he sentido yo,  no os creáis malas madres ni arrojéis la toalla, merece la pena.

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